Basándose en las opciones terapéuticas actualmente
existentes, una comisión del US Department and Human Services,
propuso las siguientes recomendaciones:
Los pacientes
con síntomas leves de HPB deberían ser objeto de
seguimiento (actitud expectante). El paciente será controlado
con una periodicidad anual.
Los pacientes
con síntomas moderados o severos deberían ser informados
acerca de las ventajas e inconvenientes de la pauta de tratamiento
expectante, del tratamiento farmacológico y de las opciones
quirúrgicas. El paciente debe ser el que elija la opción
terapéutica a partir de la información proporcionada.
En este tipo de pacientes no hay una indicación definitiva
y clara para recomendar una cirugía.
Los pacientes
que presenten alguna de las complicaciones de la enfermedad: retención
urinaria, infecciones urinarias de repetición, hematuria
macroscópica, piedras en la vejiga, insuficiencia renal,
etc. son candidatos a intervención quirúrgica. En
estos casos existe una clara indicación médica para
recurrir a procedimientos quirúrgicos.
Terapia Espectante: La conducta expectante es
apropiada para pacientes con síntomas leves (IPSS <8)
en los que se haya excluido el cáncer de próstata.
También puede ser aconsejable en pacientes con una sintomatología
más florida pero que no estén demasiado molestos con
ella. En estos pacientes se debe:
Hacer una
serie de recomendaciones acerca de hábitos de vida saludables:
comidas que se deben evitar (café, picantes, alcohol, etc.);
evitar la elevada ingesta de líquidos por la noche, etc.
Recomendar
realizar revisiones periódicas
Terapia médica: Son muy numerosos los productos
farmacéuticos actualmente disponibles para el tratamiento
de la HPB. Los más importantes son los siguientes:
Fitoterapia:
Se trata de productos considerados como extractos de plantas o
suplementos alimenticios. La mayoría de ellos contiene
ácidos grasos, alcoholes, triterpenos y esteroles pero
no está claro cuál de todos esos productos actúa
sobre la próstata. Son necesarios todavía estudios
más concretos acerca de su eficacia, mecanismo de acción,
valor terapéutico, etc.
Alfa-bloqueantes:
Actúan bloqueando los receptores adrenérgicos del
músculo liso de la próstata y cuello vesical, induciendo
su relajación. Como consecuencia de ello reducen el grado
de obstrucción sobre la uretra (componente dinámico).
El uso de este tipo de productos ha demostrado, en ensayos clínicos
controlados, mejoras claras en la sintomatología, reduciéndose
el valor del IPSS en hasta el 60% de media. Los síntomas
obstructivos e irritativos mejoran rápidamente (en 1-2
semanas) tras iniciar el tratamiento. El principal inconveniente
de este tipo de fármacos es la incertidumbre acerca de
su eficacia a largo plazo.
Inhibidores
de la 5 alfa reductasa: Son fármacos que causan una
inhibición de la enzima 5a reductasa. Esta enzima convierte
la testosterona en dihidro-testosterona (DHT). La DHT es la hormona
de la que depende fundamentalmente la próstata para se
crecimiento y desarrollo. Este fármaco provoca, por tanto,
una reducción importante en el volumen de tejido prostático,
sobre todo del tejido epitelial y de la zona posterior. Los pacientes
que responden más favorablemente a este tratamiento son
aquellos que tengan un volumen de próstata grande (mayor
de 40 cc.). La mejoría sintomática tarda en alcanzarse
varios meses desde el inicio del tratamiento. La puntuación
del IPSS se reduce, de media, en un 30%. Los cambios conseguidos
se suelen mantener durante al menos 5 años.
Tratamiento quirúrgico: el tratamiento
quirúrgico deberá indicarse en pacientes que presenten
complicaciones de la HPB, que no se logren controlar adecuadamente
con los medicamentos habituales o que demanden una solución
definitiva a su problema. Hay que dejar muy claro que, al margen
de las indicaciones absolutas para la cirugía (cuando aparecen
complicaciones importantes), en las demás situaciones será
el propio paciente el que establezca la indicación para la
operación. La tolerancia a los síntomas varía
enormemente entre diferentes pacientes, de manera que lo que para
unos es muy tolerable, para otros es insoportable y desean una cirugía
que les alivie rápidamente sus síntomas.
Los procedimientos quirúrgicos actualmente disponibles
son los siguientes:
Resección
transuretral de próstata (RTU)
Adenomectomía
abierta
Otras técnicas
mínimamente invasivas
Cerca del 95% de los procedimientos quirúrgicos que se realizan
actualmente se hacen mediante RTU. A través
del conducto de la orina se accede hasta la próstata, la
cual se va recortando en fragmentos o virutas que finalmente se
extraen. Con este procedimiento la sintomatología mejora
en un 70-90% y se alcanzarán flujos postmiccionales superiores
a 15-20 ml/s con casi absoluta seguridad.
La adenomectomía abierta se debe reservar
para aquellos pacientes que tengan una próstata muy voluminosa,
grandes cálculos intravesicales, divertículos voluminosos
que deban ser extirpados o en caso de pacientes con estrecheces
de la uretra en los que no sea posible acceder hasta la próstata
mediante la vía transuretral. Se trata de una cirugía
con una tasa de complicaciones de alrededor del 10% y con una mortalidad
menor del 1%. Los resultados conseguidos son semejantes a los alcanzados
con la RTU.
Recientemente ha comenzado a emplearse el láser
de Neodimio-Yag para la coagulación o vaporización
de la próstata a través de un acceso transuretral.
Los datos actualmente disponibles, con escaso tiempo de seguimiento,
sugieren que con esta técnica se consigue una mejoría
significativa de la sintomatología pero no se alcanza el
mismo efecto sobre el flujo urinario que se consigue con las clásicas
técnicas de extirpación de la próstata. La
pérdida de sangre es mucho menor, los pacientes deben de
llevar sonda un período más corto de tiempo y las
molestias posquirúrgicas son menores.
El tratamiento mediante hipertermia (temperatura >45º
C) o hipotermia (temperatura <45ºC) se basa en
la utilización de ondas electromagnéticas de frecuencia
superior a 200 MHz, radiofrecuencia o ultrasonidos de alta intensidad
para producir calor y causar lesiones en el tejido prostático.
Temperaturas superiores a 45-50º C provocan coagulación
de los tejidos. Las temperaturas inferiores no tienen un efecto
claro sobre el tejido prostático. Los resultados de estudios
preeliminares sugieren que la hipertermia logra, a corto plazo,
una mejoría de los síntomas y del flujo urinario mayor
que la conseguida con medicación pero inferior a la alcanzada
con las técnicas quirúrgicas clásicas.
La utilización de prótesis intraprostáticas,
dispositivos metálicos que se colocan en la uretra prostática
para evitar el efecto compresivo de la próstata, se deben
emplear en pacientes con grandes dificultades miccionales o complicaciones
severas y gran riesgo quirúrgico.
Como conclusión, podemos afirmar que hoy por hoy los mejores
resultados en términos de mejoría sintomática
y de incremento del flujo se consiguen con las técnicas de
adenomectomía abierta o de RTU de próstata. A largo
plazo se suele producir un sobrecrecimiento adenomatoso que puede
hacer necesaria una segunda intervención con el paso del
tiempo. Se considera que tras 10 años de la primera cirugía,
va a ser necesaria una reintervención en el 25% de los casos.
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